Érase una vez un desmadre: Día zero.
Porque la historia no se repite, pero el desmadre sí.
Publicado el: lunes, 26 de octubre de 2026
Autor: Gustavo Vazco
Un recorrido irreverente por los grandes acontecimientos, personajes, decisiones y disparates que han dado forma a México y al mundo. Una mirada a la historia para entender por qué, después de tantos siglos de civilización, seguimos tropezando con las mismas piedras, aunque ahora tengan inteligencia artificial.
Hay un dicho que dice: “Quien no conoce su historia se está condenando a repetirla” -Fue el mejor argumento que pude darle a mi hija de 8 años cuando me pregunto por qué me empeñaba en hablar de historia. -¡Porqué es importante! -le dije-. Sus ojos redondos se giraron hacia arriba por debajo de los párpados, al mismo tiempo que gesticuló una verdadera mueca de horror -¡Que aburrido! -me contestó.
-No me importa si en la escuela no te lo enseñan; yo no quiero que vayas por ahí diciendo que Miguel Hidalgo peleó en la Revolución Méxicana o que Benito Juárez es el Benemérito de las Américas.
-Ay Papaaá, enserio ¿Tiene que ser ahorita?
Claramente no pensaba rendirme, comencé a buscar videos en Youtube sobre historia, la senté a mi lado y me propuse a explicarle. Lo más difícil fue hacerle comprender una realidad que casi todos nos negamos a aceptar: México hasta hace poco, no existía.
-¿Cómo que México no existía? -me preguntó.
Siendo realistas: México como nación unificada y organizada, tiene su origen a raíz del Porfiriato, pero no se consolida como un proyecto del pueblo hace apenas 109 años, luego de que se firmara la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos el 5 de febrero de 1917. -Esa será una historia para otro día -le dije.
Me miró con sus ojos curiosos. Yo trate de ser lo más breve posible, como pa’ no aburrirla, la verdad, pero una cosa llevó a la otra y no tuve otra opción que retroceder hasta hace poco más de diez mil años, al final del Pleistoceno, justo en el punto en que se comienzan a organizar las primeras comunidades de cazadores-recolectores en los territorios de Aridoamerica y Mesoamerica.
-¿Qué es Mesoamérica papá? -volvió a preguntar- Por supuesto hice una pausa para enseñarle un poco de Geografía que a ustedes, estimados lectores, no les voy a explicar, por ahora. Resulta que es importante saber dónde estamos parados, para entender qué es lo que estamos defendiendo, pero esa también será una historia para otro momento.
Poco a poco llegamos a las primeras civilizaciones originarias. Reconocimos las cabezas gigantes, el juego de pelota, los murales de Cacaxtla y Bonampak, las esculturas de Quetzalcoatl y los basamentos piramidales de Teotihuacan. Le hablé de los principales grupos que habitaron el corazón del territorio nacional: Olmecas, Mayas, Toltecas, Tlatilcas, Otomíes, Zapotecas y de los ¿Aztecas?
-No mi vida, los aztecas no existieron.
-¿Cómo que no? A mi me enseñaron en la escuela que los Aztecas vivían en un lago y que por ellos, nuestro escudo tiene un águila y una serpiente.
-Sí mi vida, pero no se llamaban Aztecas, se llamaban Mexicas. Resulta que algunos cronistas de la época comenzaron a utilizar el término Aztecas para referirse a las diferentes tribus que partieron de Aztlán. Un lugar mitológico situado hacia el norte, donde se supone tuvieron su lugar de origen.
Entre esas tribus destacaron los Xochimilcas, Chalcas, Tepanecas, Mexicas e incluso los Tlaxcaltecas. Tras la conquista fue más fácil para muchos estudiosos, reducir a toda esa multiculturalidad en una sola palabra: ‘Aztecas’. Así mismo fue más sencillo reducir a toda una región que compartía ciertos usos y costumbres, así como lenguas, dialectos y cosmogonías similares en una sola nación:
-¿México?
-Noooo jajaja, estamos hablando del rico y poderosísimo virreinato de la Nueva España.
-¡Ay papaaá! ¿Y eso qué es? ¡No te entiendo ni maíz!
-Ven siéntate aquí, te voy a contar un cuento:
“Erase una vez un desmadre.., hija mía, sucedió en un lugar hermoso repleto de montañas y valles, de tierra fértil y desiertos, ríos grandes, amplias costas y playas preciosas. Un paraíso repleto de minerales valiosos, plantas nutritivas y animales únicos, colores vibrantes, sabores exóticos, tradiciones antiguas y conocimiento ancestral. Más no todo era felicidad, pequeña mía, pues como dice la canción: “El mal que siempre existió, no soportó, ver tanta felicidad…”
A partir de aquí pretendo suponer que, a mis queridos lectores, no les ocupa les cuente un cuento. Lo que ustedes necesitan es: la verdad; o por lo menos la verdad más objetiva. En este marco de objetividad, deben saber que no estoy escribiendo para los niños, sino para ciudadanos con derechos plenos, que a su vez también tienen responsabilidades, una de ellas consiste en nunca olvidar.
Ustedes, el público que ha decidido leer hasta aquí, sabe bien que esto no es ningún cuento. Realmente nos está cargando la chingada. Los motivos no son claros pero las pruebas apuntan a que la historia comienza muchos años atrás. Parece una telenovela exitosa. Aquí hubo harta intriga, conflictos de interés y la participación de personajes oscuros e importantes. Es una de esas historias que resultan mucho más complejas de lo que fácilmente podemos asimilar.
En fin, el verdadero problema es que, en México y en buena parte del mundo, odiamos la palabra Historia. Para mucha gente es un sinónimo de ‘weba’, de fechas abstractas, nombres raros y debates interminables. Por eso, pareciera que no solo la desconocemos, sino que a veces hasta nos empeñamos en repetir los mismos caminos -por no decir, los mismos errores-, pero con más tecnología, mejores discursos y videos explicativos generados con IA.
De ahí nace «Érase una vez un desmadre», un espacio para hablar de historia, geopolítica, economía y tecnología sin tanta solemnidad, sin palabras rebuscadas y, sobre todo, sin pretender que el mundo es más sencillo de lo que realmente es. Aquí trataré de hablarles ‘Al chile’, lo que es, sin pretender maquillar la verdad ni la mentira.
Aquí no venimos a dar clases de historia ni a repartir certificados de quién tuvo la razón. Venimos a hacer preguntas, desempolvar decisiones, entender los intereses que había detrás de ellas y, de vez en cuando, reírnos de los absurdos que han acompañado a la humanidad desde que alguien decidió que gobernar a los demás era una buena idea.
Porque detrás de cada tratado, guerra, revolución o gran avance tecnológico hay algo que rara vez cambia: personas tomando decisiones, intereses económicos moviendo los hilos, promesas de un futuro mejor y consecuencias que no siempre aparecen en la letra chiquita.
Y para estrenar esta columna, qué mejor que comenzar con uno de los capítulos más importantes, polémicos y transformadores de la historia económica reciente de México: el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, mejor conocido como TLCAN.
Un acuerdo que prometía modernizar nuestra economía, acercarnos al primer mundo y cambiar para siempre nuestra relación con Estados Unidos y Canadá. Para algunos, fue la puerta de entrada a una nueva etapa de crecimiento e integración; para otros, el origen de desequilibrios y promesas que nunca terminaron de cumplirse. Como suele ocurrir con la historia, la realidad es bastante más complicada que cualquiera de esas dos versiones.
A lo largo de esta primera serie vamos a regresar a los años en que México decidió apostar por la apertura comercial, revisar qué estaba pasando dentro y fuera del país, quiénes impulsaron aquella transformación, qué se prometió, qué cambió realmente y cómo aquellas decisiones siguen influyendo en nuestra economía y nuestra posición frente al mundo.
No se trata de juzgar el pasado con la comodidad del presente, sino de entenderlo con sus circunstancias, sus aciertos, sus contradicciones y, por supuesto, sus respectivos desmadres.
Porque antes de discutir hacia dónde va México, quizá convenga recordar cómo llegamos hasta aquí. La historia definitivamente no se repite, pero el desmadre sí.
Y vaya que hay desmadres por contar...
No se pierdan el próximo lunes 2 de noviembre la primera entrega de esta columna, donde abordaderos el tema: De la maquila a la innovación. Sólo aqui en #CoreHubPlex. Transmitiendo desde la red global.